Guerra Iran – Iraq

La guerra entre Irak e Irán

La guerra entre Irak e Irán, dos países del Medio Oriente y con costa en el Golfo Pérsico, fue un conflicto armado entre las dos fuerzas que abarcó de septiembre de 1980 hasta agosto de 1988. También conocida como la Primera Guerra del Golfo Pérsico, se dice que es el conflicto bélico más sangriento y devastador del siglo XX. Para entenderlo, es imprescindible remontarnos a sus múltiples causas: religión, petróleo y cuestiones políticas y geopolíticas.

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Así pues, cabe destacar que tanto Irán como Irak –junto con Arabia Saudita— son los principales exportadores de petróleo en el Medio Oriente. Como ya se sabe, el petróleo constituye, desde los años cincuenta, la principal fuente energética mundial, de ahí su gran importancia económica. Además, en estos dos países, al igual que en la mayor parte del Medio Oriente, predomina la religión islámica de la cual sobresalen dos ramas: la suní y la chiíta. Las dos corrientes, con creencias e ideologías contrapuestas, forman parte de los detonantes de esta guerra y de otros conflictos.

En el ámbito político iraquí, Sadam Hussein, un sunita del Partido Baaz Árabe Socialista, asume el poder del país el 16 de julio de 1979, después de la dimisión de Ahmad Hassan al-Bark, supuestamente por motivos de salud. Inmediatamente, ejecuta a más de 20 rivales políticos que considera ‘enemigos del Estado’.

Mientras, Irán se ve debilitado después de la Revolución Islámica en la que el pueblo iraní, liderado por el ayatolá Ruhollah Jomeini, derrocó el régimen monárquico absolutista de Shah Reza Pahlevi, a quien Estados Unidos apoyó hasta el último momento. Es así como Irán expulsa el régimen baazista de Teherán e instaura la República Islámica de Irán, de origen chií. Para entender mejor este acontecimiento, recomendamos ver el siguiente vídeo: Revolución Islámica YouTube

Sadam Hussein vio la ascensión al poder del gobierno revolucionario como una amenaza: pensó que la revolución chiita podría propagarse en el Medio Oriente y, en especial, en Irak.

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Además de este contexto agitado, lo que instigó la Primera Guerra del Golfo Pérsico fue una vieja disputa territorial por una franja rica en petróleo, conocida como Shatt Al-Arab, situada en la frontera entre los dos países. Aunque Irak los reclamaba como suyos, legalmente pertenecían a Irán, ya que así se estableció en el acuerdo de Argel de 1975. Sin embargo, y aprovechándose de la situación político-social de Irán, Sadam Hussein decidió recuperar el territorio llevando a cabo una ofensiva que según el líder sería rápida.

Los principales objetivos que motivaron dicho ataque fueron, por un lado, consolidar Irak como potencia en el Golfo, frenando los éxitos de la Revolución Islámica y, por otro, controlar la producción petrolífera del país, manteniendo un nivel de producción bajo y el precio alto.

Inicio de la guerra: primera batalla de Jorramchar

Se considera que el inicio de la guerra fue el 22 de septiembre de 1980 cuando se produjo la invasión de Irán por parte de los iraquíes. Las fuerzas iraquíes decidieron atacar la provincia de Juzestán, concretamente la ciudad de Jorramchar, donde vivían aproximadamente unos 3 millones de árabes. Este ataque se produjo mediante seis divisiones armadas iraquíes y diversos ataques aéreos. Es cierto que estos asaltos supusieron un avance simbólico en el territorio iraní y que las tropas decidieron realizar este movimiento porque pensaban que sería una guerra de corta duración, debido al contexto agitado de Irán en ese momento, pero el resultado no fue el que esperaban.

Aunque Hussein creía que estos 3 millones de árabes que residían en el territorio apoyarían la causa y el conflicto se resolvería rápidamente y ganarían la guerra, dicha situación no se produjo y el líder iraquí tuvo que detener a sus tropas, lo que dio tiempo a Irán para reorganizar sus fuerzas y contraatacar.

Se considera que la invasión de Jorramchar fue el detonante de este conflicto y, aunque es inusual en este tipo de guerras tan longevas, duró aproximadamente dos años, hasta 1982 cuando las tropas iraquíes fueron expulsadas de una gran parte de Irán.

Aunque en ese momento se podría haber llegado a un acuerdo de paz, Irán decidió continuar con la guerra porque pensaban que podrían ganar. Este pensamiento se debe a que en aquel momento el ejército iraquí contaba tan solo con 190000 hombres, mientras que las fuerzas iraníes consiguieron organizar a unos 100000 soldados, 200000 milicianos, lo que suma unos 300000 hombres. De este modo, la guerra relámpago que esperaban los iraquíes se convirtió en una guerra de desgaste que duró 8 años.

Desarrollo del conflicto

Antes de empezar a explicar en qué consistió la guerra en sí, es importante puntualizar que este conflicto bélico suele ser comparado con la Primera Guerra Mundial, sobre todo por el uso de las mismas tácticas entre las que se incluyen el fuego de trincheras, lo que dio nombre a esta etapa del conflicto, popularmente conocida como ‘Guerra de trincheras’.

A partir del 1982 hasta 1987, las fuerzas iraníes organizaron un ataque en la frontera con Irak con el objetivo de cortar la carretera que une Bagdad con Basora y conquistar el territorio de Shatt Al-Arab. Entre 1983 y 1988 las constantes ofensivas iraníes causaron más de 50 mil muertes. Sin embargo, se considera que ninguno de los dos bandos logró una ventaja posicional significativa ya que el coste en vidas humanas era superior a los territorios que conseguían dominar.

Las tácticas de ambas partes eran completamente diferentes. Irán optó por enviar un gran número de militares pero sin casi armamento, ya que su población casi triplicaba la de Irak pero sus recursos eran escasos. De hecho, se llegaron a enviar a miles de soldados totalmente desarmados al frente y a jóvenes en masa a diversos campos de minas para hacer detonar los explosivos y así dejar los caminos libres para los soldados y los tanques. A los militares supervivientes considerados héroes, quienes solían ser voluntarios o soldados que no tenían poder de decisión sobre su rol dentro del ejército, se les daba una llave de plástico llamada «la llave del Paraíso» que simbolizaba «la entrada al Paraíso». En contraste con esta estrategia, los iraquíes trataron de compensar su inferioridad numérica con el uso de armas químicas. Muchas de ellas obtenidas gracias a la aportación de los Estados Unidos.

Los años clave de la guerra fueron 1984 y 1986, años en que los ataques por ambas partes fueron constantes. La ayuda de donaciones y préstamos de los estados árabes y el suministro de armamento hicieron que Irak resistiera a los ataques por tierra y que sus fuerzas aéreas pudieran abarcar y atacar diversas ciudades iraníes. Sin embargo, Irán decidió contraatacar y tomó represalias contra los estados que apoyaban Irak. Este último recibió apoyo técnico y armamentístico de Estados Unidos y se calcula que unos 50 mil soldados iraníes murieron a lo largo del conflicto debido a armas nucleares.

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Terminal petrolera de la isla de Kharg

En abril de 1984 empezó la llamada ‘Guerra de los petroleros’, que como su nombre indica, fue un conflicto donde ambos bandos atacaron, mediante aviación, a más de una docena de petroleros. Estos ataques pretendían neutralizar una de las fuentes económicas más importantes, ya que empleaban el beneficio que obtenían del petróleo para comprar vehículos armados, artillería, etc. La isla de Kharg concentró la mayoría de dichos ataques, ya que desde ese lugar se llevaban a cabo el 90% de las exportaciones iraníes, lo que conllevo el cierre de dicha terminal. La iraníes  respondieron atacando a los petroleros pertenecientes a países enemigos que navegaban por aguas propias o vecinas como, por ejemplo, Kuwait.

En 1987, Kuwait abanderó sus naves con la bandera de los EE. UU. como medida protectora ante los constantes ataques de Irán, ya que poseían distintas bases navales en el Golfo. Por otra parte, Francia, Reino Unido y Rusia colaboraron con navíos y buques tanque para disuadir dichos ataques. En este punto, se puede identificar una participación más activa de estas potencias en la guerra, ya que hasta el momento la actividad de dichos países junto con los estados árabes se basaba en la financiación económica y la suministración de armamento. Además, los ataques iraníes a petroleros y barcos enemigos provocaron que estuvieran en un aislamiento internacional, porque el resto del mundo temía escoger esa zona como ruta comercial. Esta situación social, además del desgaste militar de sus combatientes causó que aceptaran en julio de 1988 la resolución 598 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el fin de hostilidades. La paz se firmó en agosto de 1988 con el acuerdo de las actuales fronteras de ambos territorios.

Esta guerra causó alrededor de un millón de muertos y dejó ambos países en una situación económico-social muy precaria. En este contexto, creemos importante destacar un dato curioso que sucedió durante toda la guerra pero que no se exteriorizó hasta 2002 cuando el periódico británico The Independent publicó una lista de 22 compañías norteamericanas que apoyaron la fabricación de armas químicas. Este hecho supuso un antes y un después en el conjunto de la guerra y las posteriores repercusiones. Además, aunque ya se sabía que el conflicto se había internacionalizado mediante la ayuda de los Estados Unidos, no se conocían ni la cantidad ni la identidad de las empresas.

Consecuencias del conflicto bélico

La guerra entre Irak e Irán acabó en un práctico empate y ninguno de los dos países logró su objetivo. Podríamos decir que Jomeini no derrocó a Sadam Hussein y este último no derrocó a Jomeini ni lo forzó a ceder territorio a Irak. Aun así, las pérdidas humanas fueron enormes y, aunque generalmente se habla de unos dos millones de bajas, hay fuentes que prácticamente doblan esa cifra con Irán como el país que sufrió más pérdidas. Cientos de personas perdieron la vida en ambos países en ataques aéreos y de misiles balísticos. Además, a día de hoy sigue sin conocerse el paradero de decenas de miles de personas que desaparecieron durante la guerra, hecho que impide a sus familiares cerrar este capítulo porque siguen sin saber qué pasó con sus seres queridos.

También fueron muy elevadas las pérdidas materiales, lo que implicó un desarrollo económico lento, así como la interrupción de exportaciones petrolíferas. La búsqueda de medios económicos para salvar Irak de todas sus deudas fueron los elementos clave para que Sadam Hussein atacara Kuwait en 1990. Este ataque y ocupación duraron siete meses y provocó la intervención del ejército de los Estados Unidos y que estallara la guerra del Golfo. Esta vez, las potencias que habían asistido a Irak en la guerra contra Irán se unieron para detener al líder del Partido Baaz Árabe Socialista.

El conflicto armado no solo tuvo un alto costo humano y material. Cuando Jomeini murió poco después de la guerra, Irán se encerró en sí mismo y renunció a los intentos de extender la Revolución Islámica, cuestionando así las capacidades de sus líderes clérigos. Sadam Hussein presentó su resultado como una victoria propia. Según él, había detenido la ofensiva islámica radical y esta «victoria» era un «favor» que Irak había hecho al resto del pueblo árabe, por el que debía ser recompensado. Sin embargo, el pueblo árabe ignoró su mensaje.

Sadam Hussein se dedicó a llenar Irak de monumentos conmemorativos de su «victoria». Algunos dicen que en realidad había motivos para sentirse orgulloso de Irak, ya que aunque Irak fue el país que declaró la guerra a Irán, desde 1982 Irak combatió por su supervivencia nacional. En Shatt Al-Arab, Sadam Hussein instaló 89 estatuas a tamaño real que representan a oficiales de Irak caídos en la guerra. Cada estatua de los oficiales iraquíes esculpida con el brazo derecho en dirección a Irán.

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Estatuas de oficiales muertos instaladas en Shatt Al-Arab

Podríamos concluir con la idea de que la guerra entre Irak e Irán dejó un doloroso legado ya que pocos conflictos modernos fueron tan largos y tan sangrientos.

Referencias

 

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